Cuando estás a oscuras, si te quedas callado, dicen que puedes escucharlos decir tu nombre mientras se agitan violentamente delante de ti, como esas bailarinas de cabaret a las que no puedes dejar de mirar aunque quieras, por lo delicadas que parecen o por lo rotas que están. Dicen que ellos están atrapados. Que no puedes soltarlos hasta que todo acaba, que nos cuelgan de los tobillos y hacen que nos pesen los hombros. Que nos resaltan nuestros defectos y que a veces, puedes escucharlos sin apenas esforzarte. Dicen también que se llaman tristeza, soledad y miedo.
Dicen que tristeza te saca a bailar por las noches y que en un bar puedes verla hasta en tu copa, que no puedes imaginártela hasta que la ves, que es una de esas pelirrojas impresionantes que te entran por los ojos nada más entrar en un local, que llama la atención, que podrías contar sus pecas hasta quedarte dormido y no te aburrirías.
Dicen de soledad que siempre está ahí, que es como tu madre, que la tienes desde que naces hasta que mueres, como una enfermedad de esas que te acortan mucho la vida. Dicen también de soledad que tiene el pelo más negro que un gato de esos que dan mala suerte, que tiene la cara blanca como la leche, que le gustan la tortitas y que odia salir a la calle.
Miedo es uno de esos chicos altos, blancos y delgaduchos con buenos gustos musicales. Te observa cuando te miras al espejo y siempre te está recordando tus defectos, lo que no sabes hacer y lo que no puedes hacer porque es demasiado arriesgado. Es uno de esos chicos que huelen tan bien que no te importaría llevar su ropa durante horas y se te pegase su olor. Si te fijas, a miedo puedes verlo en todo el mundo, el mismo chico con manos y pies atados a ti, que duerme en tus ojeras y que podría pasarse toda su vida en tu piel y seguiría con la misma sonrisa cansada que tienen todas esas muñecas a las que dejamos de hacer caso porque "ya somos lo suficientemente mayores".
Ellos habitan en ella,
en su sonrisa rota,
en sus ojeras,
y se ha dado cuenta,
de que los monstruos,
viven dentro de ella,
y no bajo su cama.
Creo que esto explica más o menos la situación por la que todos hemos pasado alguna vez.
"Si quieres salir viva de esta hazte un blog". Y aquí estoy, supongo.
jueves, 1 de mayo de 2014
domingo, 27 de abril de 2014
Entrada sin sentido.
La vida. Podría hablaros de lo bonita que es, de lo bien que te lo pasas a veces, del ruido de la lluvia, del olor que desprende el ambientador que hay en el coche de mi padre, de cualquier canción de amor que no suena para nada como debería, pero no, hoy os voy a hablar de la parte mala; de la ansiedad, de la claustrofobia, del miedo a vivir, de la iglesia, de los políticos, de todas esas cosas que alguna vez nos han atormentado a todos y cada uno de nosotros. Porque la vida tiene partes buenas y partes malas, aunque, por desgracia, hay vidas que solo tienen partes malas, y es como si toda la furia del universo se hubiera descargado en una persona que puede que ni se lo merezca, porque si lo pensáis bien, las mejores personas son las que peor lo pasan. Cambiando de tema, imaginaos esto por un momento, si existiera un tal Dios (que no lo creo) ¿no pensáis que habría ayudado a las personas que lo están pasando mal? Y algo peor ¿por qué la gente adora a un muñeco con una corona de espinos que murió cruzificado """"por nosotros""""? ¿por qué todo el mundo va los domingos a escuchar a un enorme farsante hablar sobre una enorme farsa? Sinceramente """Dios""", debería hacer más milagros y dejarse del rollo comercial de pedir en las iglesias """"para los que lo necesitan"""". Menos mal que hay gente buena que sí ayuda, que crea comedores sociales y que se esfuerza por ayudar a los que lo necesitan. Pero lo de la iglesia no es lo peor, lo peor es que nos dicen que somos libres y nos cortan las putas alas. No podemos hacer ni la mitad de las cosas que nos divierten, los jodidos políticos nos han arrancado la dignidad y la han pisoteado. Gente sin casa por culpa de bancos, gente sin trabajo y con varias carreras, y mientras los anormales que nos gobiernan no acabaron ni la ESO. Menuda ironía ¿no? Yo creo que si luchamos, podremos conseguir que toda esta situación se termine.
viernes, 25 de abril de 2014
'Her hair reminds me of a war safe place.'
A mi lo que me llamaba era tu sonrisa, tus labios podrían calificarse como la peor tortura conocida. Recuerdo cuando me preguntabas cuanto te quería y yo intentaba darte una respuesta pensada, algo que jamás hubieras escuchado, ya sabes que yo no soy muy detallista, pero pienso bastante para escribir. Ya ha pasado bastante tiempo desde la última vez que me dirigiste la palabra, y me duele tanto (o más) que cuando te veo. Hace mucho, cuando me sentía parte de tu vida, te dedicaba cada balada de amor que escuchaba. Hoy en día, el rock me sigue recordando un poco a ti. El rock ha sido algo que nos unió desde el principio. Solías decirme que no te considerabas guapa; que eras una chica del montón. A lo mejor no me creíste nunca, pero te repito que desde que te conocí para mí has sido preciosa, la persona más increíble (tanto por dentro como por fuera) del mundo. Te lo aseguro, nadie sobre la Tierra tiene tus ojos. Realmente presumo en secreto de que tú y yo nos hemos querido como pocos lo han hecho. De que podíamos hacer el amor con sólo mirarnos. En este tiempo me han pasado muchas cosas. Ha llegado más gente a mi vida, para qué te voy a mentir. Y toda esa gente, se ha ido yendo también. Si me abandonaron o los abandoné yo, eso es algo que ni siquiera recuerdo ya. ¿Sabes? Me gustaría poder decir que has cambiado. Que ni siquiera te reconozco, que no eres esa chica de ojos enormes de la que enamoré un otoño cualquiera. Algunas veces prometo que incluso sentía miedo. Miedo de que pudieras llegar a sentir algo serio por alguien como yo; la que siempre te ha repetido que no te merece. Tenía miedo, sí. Miedo de no poder quererte de la forma en la que lo hacías tú. Otros recuerdos, aún así, son dignos de recordar. Los he guardado en una caja, junto a un frasco con tu olor, por si me entra el mono de ti. En la caja hay incluso un juego de sábanas blancas. Son por todas esas veces que me acostaba, y me daba por pensar en ti. Tanto lo hice, que mis sábanas terminaron recordándome cada noche que una vez te prometí que dormiría contigo. Hoy, escribiendo todo esto solo espero que sepas comprenderme como lo llevas haciendo desde el día en el que te conocí. Que te des cuenta de que te echo de menos, que sigo sin merecerte, pero es que estás tan guapa con ese vestido negro. Quiero que te lo vuelvas a poner para mí. Recuerdo que cuando te ponías vestido y me preguntabas si te quedaba bien, yo soltaba un 'estás preciosa con cualquier cosa, tonta' de esos que tanto te gustaban.
sábado, 5 de abril de 2014
Lipstick lullabies.
Recuerdo cuando la gente me preguntaba "María, ¿en que piensas?" y yo respondía con un seco "Piérdete". Lo bonito es que ellos ahora no son los que estan perdidos, ahora soy yo la que está perdiéndose, perdiéndote, y para colmo, perdiéndonos. Pero no perdiéndonos en algún concierto de alguno de nuestros grupos favoritos mientras intentamos llegar al baño ni en algún bonito jardín de París mientras miramos la luna llena clavada en la torre Eiffel como si de una espada se tratase. Digo perdiéndonos en el mal sentido, en el mal sitio, en un campo de rosas llenas de pinchos llenos de el veneno más letal, al que mucha gente llama "pasado", que con un toquecito en la piel puede hacerte sangrar recuerdos, buenos, malos, insignificantes, muy importantes, eso da igual, son recuerdos y duelen más que espadas recién afiladas. Entiende que no quiero perderte. No puedo. Si te pierdo no tendría nada por lo que vivir. Quiero seguir viviendo, pero sin ti, no puedo.
Supongo que esto es un adiós a todo lo nuestro, que tal vez nunca existió, pero en mi cabeza parecía real.
viernes, 4 de abril de 2014
Frios inviernos.
"Frio sin nieve", a lo que veo más como "inviernos sin ti".
No tienes ni idea de cuanto me (te) echo de menos. Pero bueno, aquí sigo, con el alma congelada por tu ausencia y toda la vida calléndome por los ojos.
Dicen que ya no soy como antes, que soy más fría que un invierno en el mismísimo Paris. Pero no les creo, porque yo solo creo en tí.
Y es que desde que te fuiste, no he vuelto a hablar en pasado.
Y es que los pasados me cuelgan de los tobillos como cuando yo colgaba de un hilo pero tú me rescataste, como hacen los príncipes encantados, con su traje blanco, y su caballo color caramelo.
Así para cambiar de tema, hoy me he despertado pensando en la luna.
Porque ¿quién le dice que todo son fases cuando está tan vacía que ni se la ve? A veces, solo a veces, me siento como ella.
Vuelve, por favor.
Corazones a la deriva.
Decidme quién es capaz de quitar todas las astillas de los corazones que la tormenta arrasó, y de encerrar todos nuestros intentos de suicidio en el baúl polvoriento de los recuerdos ya olvidados, segmentados por las fronteras de nuestra locura, una locura que no pretende hacer nada más que quedarse sentada esperando a que nos consumamos.
Hoy, solo queda el humo de mil noches, envolviendo nuestras cuerdas vocales, y en este local solo quedamos un par de tontos, haciéndonos el boca a boca unos a otros y buscando las llamas que provocaron este maldito humo para poder apagarlas y que no nos amarguen más la vida.
Aún así, solo encontramos fósiles de antiguos clones nuestros, a los que desafortunadamente tuvimos que matar. Nuestras palabras ya no importan, porque no tenemos ni aliento ni ganas de hablar.
Hoy, somos jóvenes promesas, y mañana, unos perdedores sin futuro. Y así, lentamente, dejamos de reconocernos en el espejo, día tras día, nos consumimos al compás de nuestros errores, crecemos al ritmo de disparos, y manantiales de nuestra propia sangre, contaminan una esperanza rota, pero aún así,
sobrevivimos a la niebla.
Hoy, solo queda el humo de mil noches, envolviendo nuestras cuerdas vocales, y en este local solo quedamos un par de tontos, haciéndonos el boca a boca unos a otros y buscando las llamas que provocaron este maldito humo para poder apagarlas y que no nos amarguen más la vida.
Aún así, solo encontramos fósiles de antiguos clones nuestros, a los que desafortunadamente tuvimos que matar. Nuestras palabras ya no importan, porque no tenemos ni aliento ni ganas de hablar.
Hoy, somos jóvenes promesas, y mañana, unos perdedores sin futuro. Y así, lentamente, dejamos de reconocernos en el espejo, día tras día, nos consumimos al compás de nuestros errores, crecemos al ritmo de disparos, y manantiales de nuestra propia sangre, contaminan una esperanza rota, pero aún así,
sobrevivimos a la niebla.
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